Ayer se pasó el alcalde y un montón de gente bien de Málaga a la inauguración oficial del centro Promálaga Coworking, edificio en el que en emotools tenemos nuestra oficina desde abril del año pasado. Las buenas intenciones que traían las banderas, los protocolos y los zapatos brillantes se mezclaron con la humildad y las ilusiones de algunos de los emprendedores allí presentes por un buen rato, que incluso se afanaban por seguir trabajando, tecla que te tecla, mientras se celebraba el acto. No, no soy amigo de este tipo de actos oficiales, pero entiendo que es la manera de generar noticias en prensa y comunicar en qué nos gastamos se invierten los presupuestos. Además, vale la pena oir los buenos propósitos de los gobernantes, porque son un aliciente para exigir su cumplimiento y, así, conocer de primera mano cómo podemos ser más activos como ciudadanos.
Hace tiempo que tenía ganas de soltar por aquí algunos apuntes sobre el colaboracionismo en este tipo de espacios y, mira, esta visita despertó algunas ideas dormidas. Y es que la idea de co-trabajar es más que sugerente: las posibilidades que tiene el cohabitar espacios de trabajo por parte de emprendedores y empresas están aún por explotar. El caso que conozco de cerca es el de Málaga y, a sabiendas de que se trata de un espacio joven y con mucho por hacer, me gustaría anotar por aquí algunas ideas sobre los centros de coworking, ideas que me encantaría que pudieran convertirse en una realidad aquí mismo:
1- Un centro de coworking no debe ser un mero sitio para el alquiler de espacios.
Si el valor diferencial de un centro de coworking es que puedes alquilar a un precio más que razonable un sitio en el que poder desarrollar tu actividad, recibir el correo y atender a los clientes, mal empezamos. Un centro de coworking es mucho más que esto. Yo lo concibo como un lugar en el que “ocurren cosas de manera constante”, y esas cosas tienen que ver con el desarrollo de iniciativas para activar la conversación, el estímulo en los emprendedores por innovar en sus productos, servicios y forma de organizarse, o el fomento del colaboracionismo como estrategia de desarrollo de negocios. Y estas cosas que ocurren deben estar promovidas desde la dirección del centro, por lo menos hasta que no surjan estas iniciativas desde abajo, sin necesidad de intermediación, que sería el reto. sigue leyendo…
Parece ser que la principal característica de este trastorno es la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental, a expensas de la flexibilidad y la espontaneidad. Ojo, no ha de confundirse con el trastorno de ansiedad que lleva el mismo nombre: aquí estamos hablando de un trastorno de personalidad y los que lo padecen intentan mantener la sensación de control, mediante una gran atención a las reglas, los detalles, los protocolos, las formalidades… hasta incluso la pérdida de vista del principal objetivo de la actividad. Son demasiado cuidadosos y muy propensos a las repeticiones, sobre todo para comprobar los posibles errores.
- 1- Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal.
El conservadurismo suele ser habitual en este tipo de personalidades empresariales. Las inseguridades reinan, lo cual se traduce en una inacción o retraso de las decisiones a tomar. El principio de subsariedad (un asunto debe ser resuelto por la persona más próxima al objeto del problema) no existe, porque la desconfianza también está detrás de esa inseguridad, de forma que al personal se le sacrifica su autonomía en el trabajo a costa de mayor control sobre su desempeño. La dirección de este tipo de empresas suelen contar con caros consultores y asesores, permanentemente, en los que delegar decisiones importantes.
- 2- Preocupación excesiva por detalles, reglas, listas, orden, organización y horarios.
De puertas hacia dentro los procesos están muy bien definidos, de forma que el orden y la claridad organizativa imperen como valores críticos. Los organigramas, cronogramas, bases de datos, normativas internas o los sistemas de calidad pasan al primer plano, burocratizando en exceso el día a día de la empresa. La flexibilidad en todo este sistema regulado no tiene cabida. sigue leyendo…
Cuentan que la característica esencial de este trastorno es un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los otros. Los paranoides tienen dudas injustificadas sobre la lealtad de sus amigos, aparentan ser fríos y son muy rencorosos. Tienen escasas relaciones sociales, en parte por su desconfianza hacia los demás, pero también porque suelen provocar rechazo. Suelen desenvolverse bien y no les gusta que otros se ocupen de sus asuntos. ¿Y las empresas? ¿encaja este patrón con el comportamiento de alguna organización?
Según el DSM-IV, si se encuentran al menos cuatro de los siguientes síntomas, estamos delante de una personalidad paranoide. No sé, no sé…
- 1- Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar.
Hay organizaciones en las que la desconfianza está presente en todas las relaciones, internas y externas. La negociación permanente y la regulación contractual y administrativa, incluso allí donde no es necesario, es el leit motive de la empresa paranoide. Hay una excesiva e injustificada burocratización de los procedimientos y un control excesivo hacia todos los que forman parte.
Lástima no poder dar nombres aquí en público, pero sé de una reconocidísima entidad andaluza a la que ha llegado una nueva persona para dirigirla, y lo primero que ha hecho ha sido instaurar procedimientos administrativos para las tomas de decisiones. Todo tiene que estar documentado y debidamente firmado y aprobado por las personas responsables elegidas para tal fin. Si no se realiza este procedimiento, sanción al canto. ¿Actitud un tanto paranoide? Sigamos…
- 2- Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios.
Desconfianza desmesurada por las intenciones o intereses ocultos que puedan tener los propios miembros de la organización, celo injustificado por el control horario de los trabajadores, cláusulas de confidencialidad excesivas, accesos bloqueados a las redes sociales, archivo en papel de los correos electrónicos que envían los propios empleados… ¿Nos suena todo esto? sigue leyendo…
Los expertos dicen que el narcisista se cree enormemente importante, considerándose por encima de cualquier otro. Tienen una gran necesidad de sentirse aprobados y admirados por los demás, quienes, sin duda, tienen que saber lo maravillosos que son. Sienten que merecen una gran admiración y respeto por parte de los demás y les gusta ser el centro de atención y conversación.
Se me amontonan en la cabeza bastantes empresas e instituciones que ya cumplen con esta primera aproximación. De hecho, probablemente los rasgos narcisistas sean los más característicos de la empresa ibérica, pero vamos a ver si, como dice el DSM-IV, se dan al menos 5 de los siguientes ítems para que podamos diagnosticar de narcisista a alguna de ellas:
- 1- Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
Las empresas naricisistas parecen importantes, porque así se reconocen y así es como se muestran. Alguna experiencia profesional pasada de importancia, o un status social adquirido por sus fundadores (personalidades o institiciones públicas), les hace merecedores de un sentido de la auto-importancia que a menudo nada tiene que ver con los logros reales ejercidos como empresa. Se muestran hacia fuera como “líderes”, “expertos” o “gurús”. Este sentido de prestigio se traslada hacia dentro, jerarquizando en exceso la estructura organizativa y dotando de privilegios injustificados a los que están más arriba de la pirámide.
- 2- Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
Cualquier éxito del pasado es válido para pensar que se va a seguir teniendo éxito en el futuro. Los clientes los conciben como cautivos y dependientes de sí mismos, justificando las relaciones comerciales en su prestigio como organización. Es una empresa que piensa que cualquier persona querría trabajar en ella.
- 3- Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con, otras personas que son especiales o de alto status. sigue leyendo…
De mi etapa de estudiante de Psicología, una de las cosas que más me llamaron la atención fue la gran cantidad de trastornos psicológicos que existen y, en consecuencia, que la normalidad psicológica viene definida por ausencia de anormalidades significativas.
No sé si le has echado alguna vez un vistazo al DSM-IV o a la clasificación de trastornos mentales del CIE-10. Cuando lees los elementos por los que cabe diagnosticar estas anomalías y, a continuación, se reflexiona sobre uno mismo, llegas a la conclusión que sí, vale, que no estás majara del todo… pero la tendencia de nuestra forma de ser se alinea con algún desorden mental tipificado por los expertos en esto.
¿Qué pasa con las empresas? La personalidad de las empresas sólo se contempla desde el punto de vista jurídico. Ya sé que las empresas no piensan, ni tampoco tienen emociones que podamos describir con nitidez, pero sí que actúan: lo hacen a través de modos de organizarse, de posicionarse o de relacionarse con su entorno.
Lo podemos decir de un modo u otro, pero cada empresa tiene su propia personalidad, sus propios rasgos identificativos. Esta forma-de-ser-empresa pueden reconocerse desde fuera pero, en la mayoría de las ocasiones, son los modos de organización interna los que los hace valedores de un carácter u otro, de una personalidad u otra. sigue leyendo…






